• José Rivera

Compromiso Fantasma


Parte 1: El Malecón


Minutos antes de las 12 AM el bullicio de la ciudad comienza a disiparse, la calle va quedando desolada y una bruma fría recorre la calzada, malecón de Magdalena del Mar rico en recuerdos, testigo de amores y desdichas observa en silencio la llegada de su último visitante, la noche del 14 de junio del año 93. De cabello negro engominado, abrigo a la cintura, pantalón gris y zapatos bien lustrados un hombre de mediana edad caminaba sin apuro y dejaba la impresión de ir a un compromiso por la elegancia de su atuendo, llevaba una agenda de cuero que sujetaba fuertemente con el brazo izquierdo. Se detuvo a mitad del parque como si hubiera recordado algo que olvidó, tomó aire profundamente hasta colmar el pecho y se puso a observar el mar, la luna estaba llena y reflejaba melancólica su tenue luz sobre el litoral.


Aquel hombre tenía los ojos irritados y estos se inundaron con profundas lágrimas que se precipitaban sobre sus temblorosas mejillas. Como si se tratara de una orden trepó la baranda de seguridad de un salto, dio unos pasos y se dejó caer a más de 12 metros de altura. Su cuerpo quedó tendido sobre el pavimento mientras la sangre recorría las grietas del suelo, su mirada parecía aún viva y aunque la caída fue devastadora, nunca soltó la agenda que llevaba sujetada.



Parte 2: La visita (Abril 7 – 1996)


Mi nombre es José, en aquella época yo aún era un niño de 12 años y uno de mis pasatiempos favoritos era el dibujo a carboncillo. Mientras filas de personas hacían turno para entrevistarse con mi padre FELIX RIVERA, yo dibujaba los rostros de aquellas personas en mis cuadernillos. De pronto una mujer llama a la puerta. Se deja ver la silueta de una delgada joven a través de los cristales de la entrada principal.


Su nombre es María Cristina, llega temerosa a la oficina y se ubica en una esquina, mi madre le ofrece una bebida y esta le dice “no gracias, así estoy bien”. Me llamó la atención su sonrisa, tenía aspecto feliz pero la sentía muy triste, sus ojos la delataban. Dejé lo que estaba haciendo y me concentré en sus labios, estos eran delgados, me llamaron la atención pues esperaba que murmurara algo, sentía que lo haría y así fue, dijo:

...”por favor… déjame sola”

La verdad no sé si lo llego a pronunciar, pero sé que lo dijo, así lo sentí yo y fue suficiente. De pronto mi madre se acercó a la sala de espera y dijo: ¿quién es el siguiente?

María Cristina respondió:

¡Yo!

Y la interrumpí…

“Mamá el joven estaba primero”

María Cristina me miró horrorizada y me dijo:

"¿TÚ TAMBIEN LO VEZ?"

De pronto observé el sofá y no había nadie ahí.



Parte 3: Respiración (Abril 8 hora ¿? -1996)


Avanzada ya la noche, me encontraba en mi habitación con la puerta junta, en mi mesa de noche la luz de mi lamparita me hacía compañía, yo estaba con pijama de color azul entero y por alguna extraña razón que aún desconozco, no tenía mis medias puestas, no sé si me la quitaba en sueños o si me quedaban muy flojas, pero el frio intenso en los pies me despertó. Mientras trataba de recuperar mis calcetines sin destaparme (arte que aún no he perfeccionado) escuché voces en la planta baja de mi casa.

“¿Será que están despiertos?” me pregunté.-

Temeroso aún por lo que pasó en la tarde... caminé hacia la puerta procurando no alejarme de la poca luz que emitía aquel foco amarillo, ese foco amarillo que me daba tranquilidad y me distaba de la penumbra. De pronto a medio camino la luz se apagó, quedé en total oscuridad y aún puedo recordar el sonido de la cadena de la lámpara jalándose.


A oscuras, descalzo y petrificado tres pisadas hundieron el Parquet de mi habitación situándose a pocos metros de mí. Yo seguía inmóvil. Pensaba que podía fundirme con la noche y pasar desapercibido, solo quería una oportunidad para salir corriendo de ahí a los brazos de mis padres… cerrar los ojos daba lo mismo, no veía nada, solo sentía mi corazón latiendo fuertemente y algo más… un sonido se pronunciaba cada vez más fuerte,… era una respiración entrecortada… y…


…Respiraba… …Respiraba…

Y más intensamente respiraba…

Y se calló…


El silencio me dio más pánico aún, pues no sabía ya donde se encontraba aquella presencia. Pensé que me atacaría, así que contuve la respiración cerré los puños y corrí hacia la puerta bajé las escaleras a toda prisa… y no encontré a nadie. Solo el sonido del reloj y una presencia que no me dejaba de pisar los talones, desconfiando hasta de mi sombra me dirigí a la cocina y pude ver a través de la ventana a mi padre a luz de velas hablando con alguien en la habitación del jardín.


Caminé por el pasto descalzo, sentí la humedad de la llovizna en los pies, pero seguí adelante… quería llegar hacia él... les soy sincero… no se en que momentos cambié de planes, pero la curiosidad pudo más que el temor…

…Y me puse a escuchar lo que hacían en vez de interrumpir la sesión.



Parte 4: La Sesión (Abril 8 hora ¿? -1996)


Félix:

¿Quién eres?

Voz masculina:

…”E”….”L” ¿EL? dijo EL

Félix:

¿Qué buscas?

Silencio…. (No decían nada)

Félix:

¿Porqué estás aquí?

Voz masculina:

“C”…”R”…”I”…

Félix:

¿Cristina?

Cristina dijo:

“¿Porqué me busca? ¿qué quiere?”

… Y yo seguía escuchando, agachado junto a la puerta… me olvide del frio y del miedo solo quería saber que hacían en esa habitación…

De pronto mi padre le dijo a Cristina:

“él quiere la agenda”.

Husmeando por una rendija vi que la señorita saco una agenda de cuero de su cartera y se la entregó a mi padre. Eran los apuntes de su difunto novio, dijo que le habían sido entregados luego que recuperaron su cuerpo el día de su muerte. En la agenda el joven “Manuel” había puesto una dirección con lápiz, pero los números estaban borrados pues al parecer el suelo estaba húmedo al caer los apuntes.

“No puedo entender que es lo que dice”

En ese momento mi mente se aclaró... Y recordé la respiración en mi habitación,… eran murmullos.

Y respiraba…

Y respiraba…

3…3…8…

“338”, ¡es eso lo que dijo la presencia! Mi padre en ese momento alzo la voz y me llamó:

¡José, sal de ahí y entra! Sé que estas ahí.

Yo asustado por que sentí que no estaba bien que hubiera estado husmeando, solo atine a decirle:

“¡338, eso es lo que me dijo!”

Parte 5: El Anillo


Manuel estaba muy enamorado de Cristina, tenían una Relación breve pero sólida, sentían que se conocían de toda una vida... y es que pasaron muchas cosas para que él pudiera conquistarla, la familia de ella era muy conservadora su padre un importante funcionario su madre una dama de alcurnia.


Por su lado Manuel vivía con su madre ya que su papá nunca se hizo cargo, pero pese a las dificultades salieron juntos adelante. Él estaba terminando de estudiar derecho en la universidad gracias a una beca que mantenía con esfuerzo y estaba muy entusiasmado porque encontró el amor en una compañera de clases, sentía que era capaz de conquistar al mundo según contó su madre.


Quería pedir la mano de Cristina y mandó a pulir un anillo muy preciado que guardaba su “cochita” (así llamaba a su mamá). Manuel lo llevo a un joyero y quedó en recogerlo 4 días más tarde. (dirección que apuntó en su agenda). Cristina le dijo a Manuel que no podían cenar con sus padres en una semana como planearon, porque le había salido un viaje de negocios al señor.


Tenía que ser ese mismo día. El joven se puso su mejor ropa, y entusiasmado fue a conocer a sus futuros suegros. En pleno comedor Manuel tuvo su primer y último ataque de epilepsia, el escandalo fue aún mayor luego de que la madre de la joven se desmayara y callera al suelo aparatosamente, el padre de Cristina mandó a echar al joven de la casa. Destrozado, viendo como su amor se volvía imposible, decidió quitarse la vida minutos más tarde del funesto suceso.


Él nunca recogió el anillo de su madre y nunca descansó hasta que descubrimos donde estaba en custodia. Al visitar el joyero, nos dio razón y le entregó el anillo a Cristina. Manuel nunca más volvió a aparecer, nunca se escuchó un murmullo más de él, pero Cristina jamás se ha vuelto a quitar el anillo hasta el día de hoy.


Atentamente José Rivera Prado Investigador Paranormal www.contactoesoterico.com

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